Te busco con una sonrisa.
Nadie responde...
guardo la calma unos segundos
e insisto esperando encontrar
tras mi terca impaciencia
tu voz delicada
que ahora llega.
Entonces,
--y sin darme cuenta-
llenas de alegría mi espera
y es mi imaginación tan tonta
la que ahora piensa
que puedo ser dueño
de un beso improvisado de tu boca.
Te busco:
en la felicidad de mis ojos
en un suspiro clandestino
que no notas
porque escuchas
el toc, toc, del corazón
que se acelera.
Dejo mi ilusión
en cada estrofa
y un pensamiento profeta
busca sentir las nubes
al rozar tu cara.
Me entregas lo eterno
en una caricia
y es entonces cuando descubro
que el momento perfecto
existe cuando conseguimos
que se detenga el tiempo
a envidiar el beso
que hoy compartimos.
martes, 4 de agosto de 2009
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