jueves, 22 de octubre de 2009

TEQUILA


Te recuerdo así:
Esperando el dulce beso
Que atrape tus labios
Inquietos como tus ojos
Al amparo de un “hola” o un “adiós”.

LO QUE NO SABIAS…

Es que apenas despierto
y comienzo a soñar,
con la luz de tus ojos…
Me bebo un suspiro
y el silencio se aferra a recordar
que no son de nadie
los besos que aun no das.

Tus labios,
-pretexto perfecto para esta espera-
llenan de calma
a mi mente inquieta…
Dos latidos después
mis piernas tiemblan
es que estas tan lejos…
y tan cerca.

Por alguna razón
doblo la esperanza
y la guardo en mi bolsillo.
No quiero que esto sea una coincidencia
sino una razón que me regala el destino.
Días, horas, minutos o segundos
para estar contigo.

A partir de hoy eres el motivo
de que la soledad haya partido
porque comencé a soñar
y hasta me bebí un suspiro,
cuando el silencio me quiso aconsejar
que los besos que aun no das
pueden ser míos.

LINDA SORPRESA

Me dio gusto saber que eras tú
la que busque con los años,
en tantos intentos frustrados,
en cada sueño con los ojos abiertos
y en cada luna
que con miel has llenado.

Miles de palabras al viento…
una cerveza en el bar…
lágrimas en la cama
que sólo yo recuerdo
y hasta un curita al corazón
por sentir de más o sentir de menos.

Linda sorpresa…
mientras me buscaba
te encontré
en un día común
que hoy es perfecto.

Estabas ahí:
con tu alergia a los malos momentos
y con tantos encantos…
Ahora sé
que el destino es poco
cuando estamos juntos.

Tus labios traviesos,
el mágico pretexto
de líneas que vienen o van
entregando amor
y cumpliendo sueños.

Me dio gusto saber que eras tú
con quien viajaré
de la tierra al cielo.

EL REGRESO DE UNA AUSENCIA.

En resumen. Lo sucedido me invita a reflexionar en las cosas que vienen contigo ahora que decidiste regresar. Para no faltar a la verdad recopilo todo. No puedo olvidar el momento en el que escuché el sonido del timbre de la casa: abrí la puerta, para volver a ver tu rostro, al cual no veía desde hace mucho tiempo. Días, meses o años. El tiempo no importa, de hecho no transcurre, todos los días parecen iguales, siempre hundido en el mar de los recuerdos, esperando cualquier momento para comenzar la misma charla con el amigo, esa que por supuesto incluye el lamento a tu ausencia.
La Luna, El Sol… están de más cuando hay preguntas sin respuestas y lo único claro es esa plegaría a cualquier lado para que se me conceda volverte a ver. Todo se convierte, pues, en un mundo lleno de justificaciones donde de pronto no me reconozco ni yo. Ahora soy un simple extraño que olvidó sus sueños, metas y vida. La sonrisa se me fue borrando del rostro, me sentí incompleto cuando todo se fue muriendo con tu ausencia e inexplicablemente aún así me sentí con fuerza para imaginar un buen resultado en todo esto.
Por lo anterior, si hay algo que rescatar de todo es la manera increíble en la que el amor crece a cada momento, tanto, tanto que, se recuerdan todos los pasajes de la relación de manera perfecta. Como en un cuento de hadas: tú como mi pareja perfecta no tienes errores. Por eso no me explico por qué te fuiste… Y ahora, de pronto, estás aquí.
Deseo hacer tantas cosas que no sé por donde empezar… no quiero arruinar el momento. Durante tanto tiempo estuve planeando qué haría cuando esto pasara, de momento sólo el silencio de la incredulidad está con nosotros: quiero abrazarte, besarte, decir que te amo, pero antes de todo necesitas encontrarme a mí.
Después de todo, aquel que conociste se convirtió en una sombra que siguió tus pasos. No sé lo que pase, quien sabe cuánto tiempo me lleve entender si esto es un sueño o una realidad. No sé si haya tiempo para desaparecer los años, meses, días de esta espera. No sé si podamos matar lo vivido individualmente, cuando de momento yo sólo puedo ofrecer el recuerdo de un amor mojado por la humedad de una ilusión maltrecha, débil, sin fuerza para creer que esto es realidad.
De pronto, te preguntas ¿por qué habló así? y yo sólo contesto que todo sigue igual hasta el momento, porque sigo pensando en todo lo que tengo que decir… Pero no puedo.
Por eso espero con paciencia, todo lo que puedo hacer de momento, por lo nuestro, es intentar lo que en tanto tiempo no pude lograr. ¿Cómo olvidar los años, meses, días, que intenté olvidarte sin lograrlo? Y todo para que tú y yo podamos empezar, terminar, aclarar, el amor que te tengo… Pero ya no está; porque yo creí que estaba contigo. Sin embargo, tocas a mi puerta buscando mi amor, lo que significa que está perdido en algún lugar.

¿COMO OLVIDAR?

¿Cómo olvidar?

Hay tantas cosas revueltas

y aun no puedo encontrar

la dichosa manera de ordenar

promesas, palabras y tantas caricias

que el tiempo dejó ahí

-tiradas donde quiera-

y sin poder cumplir.



¿Cómo explicar lo que se siente

cuando tú no sientes nada?

Cómo decir que aun quedan fuerzas

si llevo noches envueltas

en luna, estrellas y tantas mañanas

evitando darme cuenta

que no estás?



¿Cómo olvidar?

Las cosas que dejaste

son mi tesoro

-cual oasis en desierto-

es lo único que tengo

entre tanta soledad y sed

y es que sigo sin saber

cómo se bebe agua.



Sí , me equivoque

no hay quien escuche… lo siento

y entre todo este despecho

me queda sólo un deseo

que se funda a fuego lento

para avivar tu recuerdo.


¿Cómo explicar lo que se siente

cuando tú no sientes nada?

¿Cómo olvidar

si esto es lo único que queda

para comenzar mañana?

ANTES QUE TODO

Me levanto sin ganas, buscando un pretexto para continuar en la cama porque cinco minutos no me bastan, me gusta el lado más cercano a la puerta por si algo se ofrece… Aunque no haga nada, es difícil entender que el baño me llama todas las mañanas y que la cara que veo en el espejo no me gusta nada, debo confesar que a veces olvido levantar la tapa y después de eso salgo tratando de encontrar a la ropa que lista o no me acompañará toda la mañana.
Perfume no todos los días, aun cuando me gusta experimentar creo que nunca me arreglo lo suficiente, pero casi siempre estoy conforme.
Me gusta desayunar pero nunca me predispongo a que así deba ser, una leche caliente con café y azúcar a veces basta, no sé quizá una concha, unos roles de canela o glaseados, la verdad soy más partidario de lo que me encuentre de alimento en el momento en el que el hambre me llama. No comparto la necesidad diaria de jugo, café, fruta y un huevo estrellado sin ganas, antes de salir de casa me basta el beso de mi hija, el de mi amada y la bendición del Sagrado Corazón y más nada.
Hablo mucho y por ello hay mucha gente que le gusta como soy y sin embargo son mis palabras las que destruyen de pronto lo que creo. Vivo a diario buscando un pretexto para soñar con en el amor eterno, con la felicidad y la posibilidad de que todo esto sea cierto aun cuando la realidad se aferra a impedirlo.
Soy distraído casi en todo momento, mas siempre estoy pensando en lo que quiero: ideas vienen y van, algunas las dejo escapar porque me hacen recordar cosas que no quiero.
Tomo el camión, casi nunca manejo, me gusta más salir corriendo y no por el tiempo, sino por ese momento en el que casi despierto, descubro a alguien mirando hacia la ventana y con un suspiro pedirle al viento que aun cuando ella lo dude, el la ama.
Me gusta ver a los jóvenes con su mochila cargada de ilusiones, la sonrisa discreta de las chicas, esas que buscan que un tipo que no conozco las volteé a ver, me gustan las caras de los adultos que se llenan de envidia cuando ven besarse a los enamorados esos que siempre se sientan en medio y es que mientras ellos disfrutan de un amor pleno, los adultos sólo van al trabajo.
Disfruto saber que aun en los cuadernos pueden faltar apuntes de algún trabajo, sin embargo, es fácil encontrar algún corazón dibujado, un poema sin importar que esté mal redactado o esa esquina posterior derecha en la que en lugar de la fecha va el nombre del ser amado.
Después de algunos minutos y tantas historias, mi parada llega, entonces me dirijo a donde creo me espera la posibilidad de encontrar algo que me ilusione y no me pierda, entre la cotidianidad, los números y las cuentas, esas que nunca terminan y no siempre te esperan, pero sí buscan la manera de alejarte de la importancia de tener a alguien cerca. Difícil si, y más cuando te das cuenta de que mientras piensas como pagar la renta se desvanece un abrazo que no se entrega.
En el trabajo pocas cosas rescatables, el chisme de la mañana, el regaño del jefe que busca que entregue más, porque lo tengo, la forma en que dos amigos planean el desayuno, no por hambre sino por el beso escondido que noté hasta yo.
Después de algunas horas otra vez de vuelta en el camión, en la radio alguna canción que me recuerda la razón por la escribo, por la que dejo de lado las cobijas y por la que a veces olvido ver el ocaso del sol aun cuando es mi amigo.
Sé, sé bien que soy un hombre distinto, porque me levanto sin ganas y cinco minutos no me bastan para dejar la cama, pero la razón es que en ese momento -a pesar de tantas discusiones, cuentas y cosas que faltan- es en el que puedo verte soñando conmigo y eso me basta.
Porque sé que soy un hombre distinto cuando mi otro yo incluso reclama que solo espera estar en el mismo lugar, al mismo tiempo que tú, con los mismos sueños y a pesar de los días, meses y años que pasan corriendo…
Estar en la misma cama… contigo.