martes, 31 de marzo de 2009

UN BUEN DESAYUNO

Todo parecía perfecto, incluso los antojos eran capaces de esperar hasta el fin de semana que se recibía el salario para cumplirse, las ilusiones y los sueños servían de despertador, bastaban dos besos y un te quiero para aminorar el hambre que las prisas revelaban al iniciar un nuevo día.
Pudiera no decirlo, pero debo. Tenían miedo sí; pero estaban seguros de entregar su máximo esfuerzo todos los días para hacerme sonreír a carcajadas, para darme ternura, paz y calma, cobijarme con sus brazos, cargarme en su espalda.

Todo iba bien, de no ser por un prematuro alumbramiento, la muerte de un gemelo frágil, enfermo; y la falta de oxigenación en mi cerebro...


Nadie dijo que esto pasaría, miles de preguntas envolvieron su cabeza, las culpas invadieron su lindo corazón y un diagnostico nada alentador los dejó en silencio.


No fue fácil, debían ignorar a los curiosos que deseaban lastimar, conseguir los recursos para las dolorosas rehabilitaciones y las cirugías que intentaban darles fuerzas. Tenían que estar juntos a pesar de la adversidad.


Entre tantas cosas que parecen ciertas, sólo una verdad... un hijo con discapacidad.


Cómo explicarme el concepto de “normal”, las burlas, la discriminación y eso de tener todo en contra sin razón.


Cómo enseñarme a caminar, vivir, soñar, cómo ver princesas en las nubes y sirenas en el mar.


Preguntas vienen y van, dudas resueltas por que aquí están, Papá, Mamá, los dos son el grillito de mi cabeza, la cajita que guarda los buenos momentos en el corazón, el alma, esa que nadie ve, pero nadie duda de ella, el sol, la luna y todas las estrellas.


Papá, Mamá, no me queda más que decir gracias... porque a pesar de tantas cosas lograron saber como enseñarme a crear y sentir; me dejaron claro que debo luchar, esforzarme para seguir siendo feliz.


¿Saben? Lo logré con muchos kilos y algunos años, y es que mis padres me quieren tanto que todas las mañanas me dan de desayunar:


Un plato de amor.


Dos panes de esperanza.


Un litro de sueños y un par de abrazos bien cocidos.


Nota: en el refrigerador se encuentra una hoja pegada que dice que si tengo algún antojo todos serán cumplidos el fin de semana.

2 comentarios:

Marely dijo...

Hola Osiel
Muchas gracias por compartir esto y vaya que ése es el mejor desayuno que alguien puede tener. Me gusta el estilo en el que escribes, muy concreto y profundo. Tienes mucho talento y gracias por permitirme disfrutarlo.
cuidate y seguimos en contacto.

Osiel Renovato dijo...

Gracias a ti por leerme. Espero pases seguido a visitarme.