¡Cuánta soledad
para subastar lágrimas!
¿Cuánto debe doler
para que no queden ganas
de intentarlo de nuevo
y sentirse cansada
de que pasen los días
pero no pase nada?
De buscar el olvido…
¿Dónde estaba la calma?
Y entre tantos despojos:
una foto arrugada,
la envoltura de un dulce
o una rosa marchita
de cuando creíste
lo que te amaba.
Porque, ¿te has dado cuenta
que todas las mañanas
te abruman los recuerdos
y te pesan las sábanas?
Porque esperas que vuelva
o que suene el teléfono
y sea él quien te llama.
El tiempo es lo de menos,
llorar no cuesta nada,
lo que cuesta es el miedo
de seguir con la mirada
una nueva ilusión,
para que el corazón
te deje beber agua.
¿Cuánto debe doler
para que no queden ganas
de sonreír de nuevo,
de sentir otros labios
y saberte amada?
miércoles, 3 de junio de 2009
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