miércoles, 3 de junio de 2009

SIN AVISAR…

El sonido del teléfono
llegó sin avisar
y fue hasta entonces
que supe la verdad…

Al leer tu nombre
me di cuenta
que valía la pena
caminar entre hojas secas
y dejar atrás:
inviernos fríos
aferrados al tiempo
donde ya no hay más
que lágrimas tontas
que saben a sal.

Una emoción
y el temblor de las piernas,
la sonrisa que no viste
pero te espera.

Todo lo que pienso
es una maleta
-que llena de magia-
busca la manera
de invitarte a ver las nubes
una mañana
en el parque a donde llegan
todos mis deseos
de que tú me quieras.

Sin avisar:
así es como llegas.

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